jueves, 23 de octubre de 2014

Edipo Rey, Sófocles

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Edipo Rey (Oι̉δίπoυς τύραννoς) es una tragedia griega escrita por Sófocles, de fecha desconocida.
Quien no ha leído esta leyenda y escucha por ahí las voces "síndrome de Edipo" o "complejo de Edipo", refiriéndose al enamoramiento del hijo hacia la madre o padre; o ha escuchado de terceros decir sobre esta historia: "sí, conozco la leyenda de Edipo. El tipo que se casa con su madre y tiene hijos con ella". Si uno lee o escucha estos tipos de comentarios sin antes haber leído el libro, va a considerar al protagonista como un degenerado y enfermizo que tiene relaciones con su propia madre.  Pero, debe aclararse, ¡no es así!. Edipo se encamó con su madre sin saber que era justamente la persona que lo parió.
Hecha esta aclaración, voy a hacer una breve reseña de la leyenda.



La historia comienza con una multitud reunida en las afueras del Palacio de Tebas, pidiendo una solución al Rey Edipo para las desgracias que sufre el pueblo. Acto siguiente, llega Creonte (hermano de Yocasta, viuda de Layo antiguo rey de Tebas) y se une a la multitud. Le comunica a Edipo el mensaje del Oráculo para terminar con la peste: expulsar de Tebas al asesino de Layo. Se convoca a un adivino con el propósito de investigar el caso y se descubre que el asesino del antiguo rey ha sido el mismo Edipo, quien se niega fervorosamente a aceptar tal acusación y se pone a indagar al respecto para dar con la verdad.
Yocasta entra en escena y explica a Edipo que un oráculo había pronosticado a Layo que su destino era ser muerto por un hijo suyo y parido por Yocasta. Nacido el niño, Layo lo entregó a unos bandidos para que le dieran muerte y así acabar con el fatal oráculo. En cuanto a Layo -continúa la reina-, ha sido asesinado por unos ladrones en el cruce de tres caminos. Al escuchar estas palabras Edipo comienza a temer porque antes de llegar a Tebas, había dado muerte a un hombre en el cruce de tres caminos; entonces comienza a preguntar por mayores detalles de la muerte de Layo, y revela a la reina el motivo por el cual huyó tiempo atrás de Corinto, su tierra. Cuenta Edipo que los dioses habían pronosticado que se uniría a su madre y mataría a su padre.
Un mensajero llega a Tebas con noticias sobre la muerte por causas naturales del rey de Corinto. Noticia que alegra a Edipo ya que los dioses habían errado su pronóstico. Sin embargo, el mensajero revela a Edipo que él no había sido el hijo natural del rey muerto, sino que había sido adoptado por aquél, desde pequeño. Yocasta, al escuchar esta confesión, hace llamar al siervo a quien se le había encargado la tarea de matar a su hijo en común con Layo, tiempo atrás. Llegado el siervo al palacio, confiesa haber desobedecido la orden del rey y haber regalado al niño al mensajero presente.
En conclusión: Edipo no era hijo del rey de Corinto, sino de Layo y Yocasta. Ambas premoniciones fueron concretadas: el rey Layo había sido asesinado por su hijo, Edipo, en el cruce de los tres caminos y éste había contraído matrimonio con Yocasta, su verdadera madre (y ahora también esposa) con quien tuvo dos hijas, que simultáneamente son hermanas de Edipo. 
Luego de esta trágica revelación Yocasta se suicida y Edipo, por su parte, se arranca los ojos y es desterrado de Tebas.

La historia de Edipo continúa con otro relato, Edipo en Colono, sobre el cual no voy a hacer mayores comentarios, no obstante recomiendo su lectura ya que es tan interesante como la obra comentada.






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El arte de la guerra, Sun Tzu

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El arte de la guerra (孙子兵法 ) es un libro de reflexiones militares, escrito por el estratega militar chino Sun Tzu, quien vivió durante el siglo V a.C. 
La obra debe ser interpretada dentro del contexto histórico y las costumbres propias de la época en la cual el escritor se desempeñó. Es considerado el mejor libro de estrategia de todos los tiempos. Sirvió de inspiración a personajes como Napoleón, Maquiavelo -quien casualmente escribió otro libro con el mismo nombre-, Mao Tse Tung, entre otros.
Este libro, a pesar de su antigüedad, contiene reflexiones y máximas perfectamente válidas y aplicables a los tiempos actuales. No es sólo un libro de estrategia militar, sino un tratado que enseña la estrategia de aplicar con sabiduría el conocimiento de la naturaleza humana en los momentos de confrontación; comprender las raíces de un conflicto y buscar una solución.
Actualmente su filosofía va más allá de los límites militares, aplicándose a los negocios, a los deportes e incluso al comportamiento personal.

Básicamente, la filosofía de Sun Tzu descansa sobre dos principios: el engaño y en someter al enemigo sin luchar





A continuación, expongo algunas máximas que podrás encontrar en el libro:





"El arte de la guerra se basa en el engaño".

"Nunca es beneficioso para un país dejar que una operación militar se prolongue por mucho tiempo".

"Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar adonde vayas".

"Es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo".

"Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla".

"Hacerte invencible significa conocerte a ti mismo; aguardar para descubrir la vulnerabilidad del adversario significa conocer a los demás".

"Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después".

"Los buenos guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan atraer fuera de su fortaleza".

"No presiones a un enemigo desesperado".

"Corresponde al general ser tranquilo, reservado, justo y metódico".

"Un gobierno no debe movilizar un ejército por ira, y los jefes militares no deben provocar la guerra por cólera".



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El principito, Antoine de Saint-Exupéry

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"-He aquí mi secreto -dijo el zorro-. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito, a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa... -dijo el principito, a fin de acordarse.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla (...)"


El principito (Le petit prince), es una novela muy corta escrita por el francés Antoine de Saint-Exupéry  y publicada en 1943. Es la obra más vendida en Francia y adaptada en muchísimos idiomas, considerada uno de los mejores libros del siglo XX.

El relato cuenta la historia de un extraordinario niño que, viniendo de otro planeta (asteroide B612), aparece en la Tierra -luego de haber recorrido otros seis planetas, cada uno de ellos habitado por un adulto-, para desaparecer posteriormente con la ayuda de la serpiente, primer ser que se encontró en la Tierra. En ella podemos encontrar tanto  la exaltación de los valores humanos más puros y trascendentes como la franca o sutil censura de ciertas actitudes infundadas o reprobables.

En consecuencia, algunos de los principales motivos que sustentan el relato son, por una parte, la amistad, el amor, la justicia, la ternura, la comprensión, la humildad, la sencillez, la belleza, la lealtad, la disciplina, el conocimiento, la solidaridad, la esperanza y, por otra parte, la incomunicación, el poder ocioso, la vanidad, la falta de imaginación, la intemperancia, la soledad egoísta, el creciente y absurdo afán posesivo, la inconsecuencia. El principito nos invita a reconocer la supremacía de los valores espirituales como la amistad, la comunicación, el servicio desinteresado por el prójimo.
La obra abunda en reflexiones con profundo sentido de orientación de nuestra conducta. Así, nos ayuda a re-actualizar grandes verdades que suelen pasársenos inadvertidas.
El principito es, en suma, un canto al amor, a la justicia, a la amistad, a todo aquello que enaltece la condición humana.






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Diario de Andrés Fava, Julio Cortázar

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Andrés Fava es uno de los protagonistas de El examen, novela escrita por Julio Cortázar en 1950 y publicada póstumamente en 1986. Diario de Andrés Fava formaba parte de esa novela, no obstante hace escasas referencias a los incidentes y personajes de aquella obra. Este libro quedó excluido de la mencionada novela, pero el autor lo conservó cuidadosamente, como todos los textos que consideraba "acabados" y dignos de ser publicados en algún momento.

En el libro encontraremos reflexiones expuestas con un tinte de humor, sarcasmo y melancolía respecto de las cuestiones éticas, estéticas y literarias que preocuparon a Cortázar toda su vida.




A continuación comparto algunos fragmentos del libro.




“Me revientan estos mocos mentales. También los japoneses se suenan en papeles.
‘Diario de vida’, vida de diario. Pobre alma, acabarás hablando journalese. Ya lo haces a ratos.”




“Lo que se da en llamar ‘clásico’ es siempre cierto producto logrado con el sacrificio de la verdad a la belleza.”





“Esperando un ómnibus en Chacarita. Tormenta, cielo bajo sobre el cementerio.
Cumpliendo la cola me quedo largo rato mirando la copa de los árboles que preceden el peristilo. Una línea continua de copas (el cielo gris la ahonda y purifica), ondulando graciosa como al borde de las nubes. En lo alto del peristilo el ángel enorme se cierne entre los perfiles de árbol; parece como si apoyara el pie sobre las hojas. Un segundo de belleza perfecta, luego gritos, trepar al ómnibus, córranse más atrás, de quince o de diez, la vida. Adiós, hermosos, un día descansaré ceñido por ese encaje delicado que me protegerá por siempre de los ómnibus.”




“Oigo una vez más Henry V en la grabación de Laurence Olivier. Siempre es tiempo de morir, pero estas láminas con su espiral fuera del tiempo guardan una instancia de eternidad. No está en la palabra, no son exactamente Will o Larry, o la felicidad que agrega Walton con su música. Lo eterno alcanza forma en la acción del hombre. Fue preciso todo eso, y que una vocación lanzara a Olivier, y que tras él Inglaterra, el cine, el momento, la guerra, el clima”




“Cuando no se es un intelectual, la inconsistencia y la pobreza de las ideas hace temer que todo lo escrito (salvo un poema, quizá un cuento) resulte inútil y ridículo. Ideas, es decir establecimiento de relaciones, cabezas de puente, puentes. Rodeado de libros, me inclino sobre una flor que dejaron en mi mesa. Su ciega pupila translúcida me mira; creo que si de verdad me mirara no me vería.”



“Creo que escribo para tener, del lado hedónico, el miedo exquisito”



“No lo vi nunca más, tal vez por eso me acuerdo tan bien.”



“Definición del misterio: La jaula estaba vacía y con la puerta abierta, y cuando vinieron a mirar había en el fondo una rosa, con el tallo en el cubito de agua, y se veía que acababan de cortarla.”



“Se dice —y uno sonríe—: "El lenguaje me impide expresar lo que pienso, lo que siento". Más cierto sería decir: "Lo que pienso, lo que siento me impiden llegar al lenguaje". Entre mi pensar y yo, ¿se opone el lenguaje? No. Es mi pensar el que se cruza entre mi lenguaje y yo.”



“En los grandes poetas, las palabras no llevan consigo el pensamiento; son el pensamiento. Que, claro, ya no es pensamiento sino verbo.”



“Es oscuro y no sé decirlo: sentir que mi vida y yo somos dos cosas, y que si fuera posible quitarse la vida como la chaqueta, colgarla por un rato de una silla, cabría saltar planos, escapar a la proyección uniforme y continua. Después ponérsela de nuevo, o buscarse otra.”



“Es tan aburrido que sólo tengamos una vida, o que la vida tenga una sola manera de suceder. Por más que se la llene de sucesos, se la embellezca con un destino bien proyectado y cumplido, el molde es uno: quince años, veinticinco, cuarenta — la galería. Llevamos la vida como los ojos, puesta de modo tal que nos conforma; los ojos ven el futuro del espacio, como la vida es siempre la delantera del tiempo.”



“¿Panteísmo? Panantropismo. Pero no porque quiera serlo todo, vivir-mundo; lo que deseo es que el mundo sea yo, que no haya límites para mi asomo vivo. Argos, todo ojos?
Todos los ojos. Argos.”



“y una noche en que sufría, frente a un ventanal abierto, tuve la caricia de una mano que vino por la sombra, sin que me fuera dado saber quién de los que me acompañaban se unió tan puramente a mi dolor. Tuve — (Cuánto mejor esta constancia que todos los pajeros: ‘No tuve...’)”



“Curioso cómo hay ciertas repulsiones previas a la lectura, corroboradas casi siempre cuando se cede a la solicitación de terceros.”



“Un amigo de Mendoza me cuenta cosas de X. Cuando Y murió en un manicomio, X fue a identificar el cadáver. Lo llevaron al frigorífico de la morgue; abrían los compartimentos y sólo se veían plantas de pies, una al lado de otra como lomos de libros humanos. Un loco supo que buscaban a Y. ‘Lo conozco’, dijo. Rápidamente escogió un par de pies, y de un tirón extrajo el cadáver.
Cuando salían, X vio pasar a un loco sucio y harapiento. Llevaba una paloma contra el pecho, y continuamente la acariciaba. Ya no era un hombre, era una caricia a una paloma. Y como esto duraba todo el tiempo, la paloma tenía el plumaje sucio y estropeado, ya idéntica a su caricia.”



“Más sobre el supuesto ‘sufrimiento’ del escritor. Si en verdad tienes que sufrir, que no sea por lo que escribes sino por cómo.”



“Lo que me convendría estudiar es si cuando creo haber encontrado el buen camino, lo que ocurre es que he perdido todos los demás.”



“La idiotez de decir: ‘Dispongo de poco tiempo —‘, cuando es el tiempo el que dispone poco o mucho de ti.”



“Las aftas mentales. Cada vez que la lengua de la asociación las toca, duelen.”



“Pasaré por este mundo una sola vez. Si hay alguna palabra bondadosa que yo pueda pronunciar, si hay alguna buena acción que yo pueda realizar, diga yo esa palabra, haga yo esa acción AHORA, pues no pasaré más por aquí.”



“Nada es nuevo ahí, las dos menciones más importantes del "pensamiento" son tópicas: Me moriré, for good and ever.
Si puedo ser bueno, séalo ahora.
¿Pero puedo ser bueno si me voy a morir? La certeza de la muerte, ¿no desmiente, no deshace toda moral? Ser bueno es siempre olvidarse de algo, creer que la fiesta va a durar.”



“Dar algo de uno a los demás (poesía, TNT, besos) es reconocer la integración del yo en el tú. Toda abnegación, en ese sentido, es ser menos-hombre, menos-yo. Depender de...”



“A propósito de la libertad y del ser libre:
Se dice: ‘Heifetz hace lo que quiere con su violin’. ¿No será el violin el que hace lo que quiere con Heifetz?
Esto es un piano, dado e inmutable. El chico que quiere ser pianista tiene manos torpes (pero torpe significa siempre disponibilidad, kilómetro cero de innúmeros caminos; ser torpe es ser libre); manos plásticas, la antítesis del teclado que se ríe de ellas con todos sus dientes.”



“Un mot digno de recuerdo, que habría dicho Norah Borges en un almuerzo muy formal, al aparecer en la mesa la enorme fuente de puchero:
— ¡Qué líííndo! ¡Parece basura!”



“— ¿Y quién sos vos, mocoso, para no discutirme?”



“Horror de las mediatizaciones. Una cadena: Fulano ama un libro sobre Cézanne porque le gusta Cézanne, a quien le gustaba la pintura. ¡Qué lejos de la pintura se queda Fulano! O esto: hay un horror sagrado, Keats hace Hyperion porque Hyperion es su horror sagrado. Middleton Murry se ocupa de Keats porque lo atrae Hyperion; yo leo a Middleton Murry porque me gusta Keats. Pero hay un horror sagrado, y no es Middleton Murry).”



“Ay, el lenguaje es nuestro pecado original. Moi, esclave de mon langage.”



“Pavadas que se dicen: ‘Si tuviera fuerza suficiente, no permitiría esto o aquello’.
Es posible, si la fuerza te fuera dada ahora, milagrosamente. Pero si hubieras crecido envuelto en tu fuerza, esclavo de tu fuerza, estarías del lado de los que pegan.”



“Tema para la más cruel, la más cierta de las novelas: se quiso a alguien, sin esperanza pero disfrutando de la felicidad de contemplar su joven perfección. Pasan años de ausencia, y se regresa. Entonces aquella criatura asoma, con la sonrisa de la amistad. Es ella, pero ha cambiado. Ahora está fija en su límite, en su personalidad definida. El contemplador —que creía seguir queriéndola— descubre que sólo ama el eco de su antiguo ser que ella no recuerda, que dilapidó por la vida.”



“Cuidarse del realismo al escribir. Eludir la fauna del zoológico, convocar a unicornios y tritones, y darles realidad. La literatura, como lo dice Malraux de la plástica, debe tender a una creación independiente, donde el mundo cotidiano tenga la influencia que el escritor le tolere, y nada más.”



“Después de doce años, reincido en un concierto de Brailowsky. Con alguna tristeza — no demasiada— verifico que la música lo ha abandonado, y que sólo el piano le es fiel.”



“En Buenos Aires yo no podría (porque sé que no debo) llegar de sopetón a la casa de mi mejor amigo; hay que telefonear primero, ceremoniosamente. Además no se debe buscar dos días seguidos al mismo amigo —por eso tenemos tres o cuatro y los turnamos, y nos turnamos—; probablemente la segunda visita sería aburrida. Cambiando apenas un dicho italiano: L'amico e, come il pesce: dopo tre giorni, puzza.
La segunda visita es aburrida porque la primera sirvió y sobró para la ejecución de la función amistosa: viz, para intercambiar todas las informaciones y pareceres canjeables, agotar juntos un espectáculo o una música, y gozar del cariño viéndose. Como baterías descargadas, hay que esperar cuatro o cinco días a que la tensión retorne. ‘¡Pero qué ganas de verte!’ Aquí llamamos discreción al montaje habilidoso de la indiferencia. Me asombra advertir que mi mejor amigo me quiere en el fondo sin saber por qué; por lo irracional del cariño, y por los fragmentos personales que le confío. Lo peor es que evitamos con elegancia, deportivamente y con una gran belleza, esas mostraciones de piel viva que cabe englobar en la atroz palabra confidencias. Pensar que ciertas cosas capitales en la vida de mi mejor amigo, las sé por terceros. Y aquí se roza el terreno de la especialización: no es raro que a otro (nada íntimo, por lo regular) le contemos sin temor lo que al amigo se calla. Hay un estante para sombreros y otro para calzoncillos.”



“No creo en los que tutean a los diez minutos y se tupac-amarutean una mujer a las dos horas. No creo en las confidencias, en la sexualidad verbal entre copas. Tuve pruebas de que vale menos que nuestra hidalga técnica del compartimento estanco.”



“Delante de algunas gentes hay que hacerse el idiota para que no lo tomen a uno por idiota.”



“Vocabulario: popó, pipí, pitito, pepe, pajarito. (Fijarse que cuando el adolescente monta su vocabulario criollo correspondiente, la "p" queda como letra dominante. Lindo tema de tesis).”



“Puedes decirme algo más grave: ‘El arribo a la cumbre exige el abandono del valle.’ Pero oye, andinista: si te privas del solaz del valle, de su tierna frescura, ¿con qué subirás a tu cima? Y además, cuando se está en la cima, ¿qué queda por mirar sino el valle?
Porque el cielo, al rato, es una lata. Hay que volver la vista al valle. Si de algo sirve el valle es para estimular el ascenso a la cima; si de algo sirve la cima, es para escoger, ahora que todo está ahí a la vista, lo que verdaderamente importa del valle. Y no te olvides de G.K.: ‘Sólo una cosa es necesaria: todo.’”



“Sos demasiado feliz, vení aquí a padecer un poco”



“Lo cierto es irse. Quedarse es ya la mentira, la construcción, las paredes que parcelan el espacio sin anularlo.”



“A veces pienso que morir es escamotearse un poco al vacío. La verdadera aniquilación debería ocurrir en vida, así: estiro despacio la mano, toco el vacío, y por ahí me voy. Morir, en cambio, es como pasar a una nada pasiva.”



“Me vinieron al mundo, donde nada tengo ni hago que no sea una baja reacción contra mi origen involuntario.”




“Los libros argentinos son de un aburrimiento de mesa de escoba de quince. Brahms mereció nacer en Buenos Aires. La literatura provinciana es de un hastío infinito, porque el provinciano guarda el humor (y cuánto tiene, en el café, en el club, en la política) para la mera vida personal, y escribe serio, es decir muerto.”



“Querer en el recuerdo — No hay exactamente un recuerdo, sino emociones y sentimientos que en el recuerdo persisten adheridos a su materia deseada y servida. Especial tonalidad de este querer: lo que lo hace tan penetrante es que vale como un sentimiento vivo y actual aplicándose a una materia parecida.”



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El examen, Julio Cortázar

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El examen es una novela  escrita por Julio Cortázar  en 1850 y publicada póstumamente en 1986, junto con otra obra, algo así como un "capítulo desprendido" de El examenDiario de Andrés Fava
La historia tiene como protagonistas a un grupo de amigos que deambulan por la ciudad de Buenos Aires invadida por una bruma y una extraña lluvia, discutiendo acerca de temas relacionados a la política, el país, sus propias vidas, el arte y la literatura, compartiendo poemas por ellos escritos y riéndose de los mismos. Juan y Clara, una pareja de estudiantes en vísperas de examen, un cronista irónico, Stella y Andrés Fava, son los actores que dan vida a esta novela, caminando las calles porteñas bajo la intermitente presencia o acecho (real o imaginario) de otro amigo desaparecido: Abel.


"Escribí El Examen a mediados de 1950, en un Buenos Aires donde la imaginación poco tenía que agregar a la historia para obtener los resultados que verá el lector. Como la publicación del libro era entonces imposible, sólo lo leyeron algunos amigos. Más adelante y desde muy lejos supe que esos mismo amigos habían creído ver en ciertos episodios una premonición de acontecimientos que ilustraron nuestros anales en 1952 y 53. No me sentí feliz por haber acertado a esas quinielas necrológicas y edilicias. En el fondo era demasiado fácil: el futuro argentino se obstina de tal manera a calcarse sobre el presente que los ejercicios de anticipación carecen de todo mérito. Publico este viejo relato porque irremediablemente me gusta su lenguaje, su fábula sin moraleja, su melancolía porteña, y también porque la pesadilla de donde nació sigue despierta y anda por las calles." J. C.



A continuación comparto algunos fragmentos del libro (conversaciones y discusiones entre los protagonistas) que me de alguna manera me dejaron pensando, o cuanto menos captaron mi atención.



 "Sí, el tiempo ha seguido y nos ha pasado. El tiempo, como un niño que llevan de la mano y que mira hacia atrás...". 






“-Cuando yo me despierto -dijo Juan- lo primero que se me ocurre como medida de emergencia es volver a dormirme.
-Lo que llaman cerrar los ojos a la realidad -dijo Andrés-. Ahora fijáte en esto que es importante. Hablás de volver a dormirte y tratás de hacerlo. Pero te equivocás al creer que en esa forma te vas a replegar sobre vos mismo, que te vas a amarullar detrás de lo que te defiende de eso que está enfrente de vos. Dormir no es más que perderse, y cuando tratás de dormirte lo que realmente estás buscando es una segunda fuga.
-Ya sé, una muertecita liviana, sin consecuencias -dijo Juan-. Pero viejo, ése es el gran prestigio del dormir, la perfección del apoliyo. Vacaciones de sí mismo, no ver y no verse. Perfecto, che.”






“Con tan poca cosa puede un hombre ser feliz”, pensó. “Ni siquiera un beso. Con tan poco. La taza de té preparada con su mínima liturgia, un insecto dormido sobre un libro, un perfume viejo. Sí, casi la nada… “.






El corazón no tiene huesos. "Le vendría bien tenerlos", pensó Andrés. "Mal hechos para la vida nos arman. La piel y los huesos, poveretti. huesos, blindaje, quitina, y adentro la piel, como un forro de casco".






"Una noche, una de aquellas noches que alegran la vida, en que el corazón olvida sus dudas y sus querellas, en que lucen las estrellas cual lámparas de un altar, en que convidando a orar la luna, como hostia santa, lentamente se levanta sobre las olas del mar".






"Infancia, qué bien no hablar, dejarla en su esquina borrosa, en su rayuela, qué bien no traicionar. Recinto, las sandías de oreja a oreja, la siesta, caracol caracol saca los cuernos al sol".






"Era el sufrimiento gozoso, como la picazón bien rascada, sangra pero te gusta a la vez".






“Sólo el olvido condiciona la felicidad. Toda previsión es horror. Vuela, allegro, paséate por el teclado, desata las brisas y las naranjas. Yo sé, yo sé que el otro tiempo por venir es el lento, es el andante terrible, es lo que era antes de esta fugaz mentira presente indicativo”.






(Conversación entre Juan y el cronista)
(…) Planificar es irle un poco en contra al azar, acordate del chino.
-No hay azar. El azar es el rebote de nuestras debilidades, las fallas del plan de vida.
-¿Ah, sí? Entonces un terremoto que te pesca en la cama y te….
-Pero eso no es el azar –dijo Juan, sorprendido-. Eso es la poesía.






Convéncete, cronista. El horror de la existencia lo vio Rimbaud mejor que nadie: “Moi, esclave de mon baptême*”. Te criás en la estructura cristiana, reducida no más que a un cascarón de tortuga donde te vas estirando y ubicando hasta llenarlo. Pero si sos un conejo y no una tortuga, es evidente que estarás incómodo. Las tortugas, como el gran Dios Pan, han muerto, y la sociedad es una ciega nodriza que insiste en meter conejos en el corsé de las tortugas.

*”Yo, esclavo de mi bautismo”.






-Te criás fajado por las grandes ideas fijas, pero un día hacés tu primer descubrimiento personal, y  es que esas ideas no parecen ser muy aplicadas en la práctica; y como no sos sonso y te gusta vivir, ocurre que deseás la libertad de acción. Zas, ya te topaste con las ideas, con tu bautismo. No en forma de decretos exteriores. Fijáte que esto es importante. No en forma de compulsiones prácticas, que son las que desesperan a los rebeldes de pacotilla, pues aunque estén en esa forma –como que lo están- siempre se las puede burlar más o menos, sino que te las encontrás en vos mismo: tu bautismo, viejo.






-(…) Mirá, si se nació oveja hay que vivir como oveja, y el águila precisa sitio para decolar sus alas a fondo. Yo podré tener la forma de la lata en que me han envasado desde que Jesús se convirtió en el tercer ojo de los occidentales; pero una cosa es la lata y otra la sardina. Creo saber cuál es mi lata; ya es bastante para distinguirme de ella.
-De distinguirla a escaparse…
-No sé si es posible escaparme –dijo Juan-. Pero sé que mi deber para conmigo es hacerlo.






-Sólo cuento conmigo, y aun así en pequeña parte –dijo Juan-. De mí tengo que descontar al enemigo, a ese que fue criado para que matara mi parte libre. A ese que debía ser bueno, querer mucho a su papito, y no treparse en las sillas o en los zapatos de las visitas. Cuento con tan poco de mí mismo; pero ese poco vela, está atento. Baudelaire tenía razón, cronista: es Caín, el rebelde, el libre, quien debe cuidarse del blandísimo, del viscoso y bien educado Abel.






-Ya está todo dicho –dijo Juan-. Me alegro de no tener un Dios. A mí nadie me va a perdonar; y nada puedo hacer para que el perdón me sea otorgado. Corro sin ventaja, sin el gran recurso del arrepentimiento. De nada me valdría arrepentirme, porque en mí mismo no hay perdón. Es posible que tampoco haya arrepentimiento; pero entonces el destino es absolutamente mío: yo sé, al faltar a mi tabla de valores, que lo hago; y sé y supongo por qué lo hago; y mi hecho es irremisible. Si me arrepintiera, sería inútil lo mismo; caería en la autocompasión o la casuística; antes me muera cien veces.
-Eso se llama orgullo –dijo el cronista, sumando los tickets.
-No, eso se llama ser uno mismo, andar solo y tenerse fe. Porque creo que sólo el que no va a patinar es capaz de prever con tanta claridad su riesgo; y viceversa.






"Siempre es como si las palabras y su tiempo estuvieran desajustadas, como si lo que debiera decirte ya no fuese oportuno, o no lo será un día en que vos o yo faltaremos, y nada podrá ser dicho".






"Pero no te rindas a la bondad. Mirá, tener lástima cuando no se ha hecho mal, esa flojera horrible como condenarse, sabés perder el derecho de elegir cada mañana tu traje y tu silbido y tu libro para leer, no nunca eso. Los ojos están adelante de la cara, mi querida, y no es culpa tuya si soy un poco tu sombra, tu eco, si el barco no puede andar sin hender".




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Esta mañana y otros cuentos, Mario Benedetti

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Esta mañana y otros cuentos, libro escrito por el autor uruguayo Mario Benedetti y publicado en 1949. Es una obra que consta de nueve relatos independientes entre sí, empero, relacionados de alguna manera por la temática violenta con la que han sido narrados.

Esta manaña. Jorge, un hombre que al darse cuenta de que se mujer (Celsete) lo ha engañado con su jefe (Gálvez), decide tomar cartas en en el asunto y enfrentarlo; claro, con revólver en mano. 
Como un ladrón relata la vida de un hombre escéptico, llevando una vida tranquila pero mediocre, sin preocupaciones. Pero su vida da un giro cuando comienza a asistir a reuniones encabezadas por una persona que se consideraba un "Maestro" (gurú, líder, etc). En este cuento se tocan cuestiones relacionadas a la moral y la religión. 
Hoy y la alegría se centra en el amor del pasado: su recuerdo y las ganas de volver a encontrarse con aquella persona luego de muchos años para luego... ¿retomar la relación? ¿volver a enamorarse? ¿decepcionarse? ¿cerrar un círculo?.
Idilio, pone en manifiesto el desgaste que puede generar el matrimonio luego de un tiempo, la insoportable rutina y la búsqueda de pasión para seguir adelante.
Como siempre. historia de un hombre cobarde que prefiere  continuar en su estúpida tranquilidad a enfrentar un cambio de vida.
La vereda alta, cavilaciones de un niño respecto a la muerte.
No tenía lunares. Historia similar al primer relato pero con un final diferente y sorprendente. Muy bueno.
José nomás. La juventud y el sexo. 
La lluvia y los hongos. La búsqueda del amor puede tornarse muy violento.






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miércoles, 22 de octubre de 2014

Fahrenheit 451, Ray Bradbury

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"Fahrenheit 451 es la temperatura en la que el papel de los libros se enciende y arde"


Fahrenheit 451 es una novela de un futuro posliterario, escrita en 1963 por el reconocido autor Ray Bradbury. Libro que luego fue adaptado para el film homónimo en 1966.

La novela se centra en Guy Montag, un bombero cuyo trabajo consiste en quemar libros. Pero, ¿cómo, bomberos que queman libros? Efectivamente, en esta historia la misión de los bomberos es incinerar cualquier tipo de libro, puesto que según el gobierno los libros hacen infelices a las personas y generan sufrimiento, discordia y diferencias entre ellas. Los libros están prohibidos. Poseer un libro, conlleva no sólo la incineración del ejemplar, sino además, la persecución de su poseedor. Hay dos formas de  descubrir a un “pensante”: que alguna persona lo delate escribiendo simplemente el nombre del “criminal” y colocarlo en el buzón de denuncias, o bien ser descubierto por El Sabueso Mecánico, una especie de perro-robot utilizado por el Departamento de Incendios para rastrear a los disidentes que aun conservan y leen libros y darle muerte a través de una inyección hipodérmica.

Montag lleva una vida rutinaria; básicamente, pasa el día en el Departamento de Incendios esperando a que suene la alarma, señal ésta de haberse descubierto a alguien en posesión de un libro. Al finalizar el día toma el tren de regreso a casa. Pero su vida cambia cuando un día al bajar del tren conoce a Clarisse, una joven muchacha, vecina suya. La familia de Clarisse es considerada como “anti-social” y a ella como una loca por pensar y cuestionar las cosas. Es ella la que le planta la duda a Montag acerca de si es realmente feliz con la vida que lleva, además de despertar la curiosidad respecto de los libros.
A partir del encuentro con Clarisse, y más tarde presenciar el sacrificio realizado por una anciana al dejarse quemar junto con su biblioteca, produce en la vida de Montag un cambio rotundo, incursionándose en un fascinante y peligroso camino hacia los libros. Comienza a cuestionarse acerca de las diferentes cosas que lo rodean: la censura, la Tv ofreciendo entretenimiento-basura, la sociedad ciega, la política y decisiones del gobierno, inclusive. Llegando al punto de intentar llevar a cabo un plan (conjuntamente con Faber -un antiguo profesor de literatura-) con el fin de hacer prevalecer la cultura por sobre la ignorancia, enfrentar al Jefe del Departamento de Incendios, y más tarde tener que huir de la ciudad por ser él mismo objeto de persecución.

El libro es altamente recomendable. Muy fácil de leer, en el sentido de que es muy entretenido y atrapa tu atención desde el comienzo. Para los que han tenido el placer de leerlo, les recomiendo que le echen un vistazo a otros dos libros: "Un mundo feliz" (A brave new world), de Aldous Huxley; y "1984" (Nineteen Eighty-Four), de George Orwell. Ambos con una trama muy similar a la de Fahrenheit 451.






A continuación comparto algunos fragmentos del libro que me resultaron realmente interesantes.




“-¿Leyó alguna vez alguno de los libros que quema?
Montag se rió.
-Lo prohibe la ley.
-Oh, claro.
-Es un hermoso trabajo. El lunes quemar a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner; quemarlos hasta convertirlos en cenizas, luego quemar las cenizas. Ése es nuestro lema oficial.
Caminaron un poco más y la niña dijo:
-¿Es verdad que hace muchos años los bomberos apagaban el fuego en vez de encenderlo?
-No, las casas siempre han sido incombustibles.
-Qué raro. Oí decir que hace muchos años las casas se quemaban a veces por accidente y llamaban a los bomberos para parar las llamas.”




“-A veces pienso que los automovilistas no saben qué es la hierba o las flores, pues nunca las ven lentamente -dijo la muchacha -. Si usted les señala una mancha verde, i oh, sí!, dicen, ¡eso es hierba! ¿Una mancha rosada? ¡Un jardín de rosales! Las manchas blancas son edificios. Las manchas oscuras son vacas. Una vez mi tío pasó lentamente en coche por una carretera. Iba a sesenta kilómetros por hora y lo tuvieron dos días en la cárcel. ¿No es gracioso, y triste también?
-Piensas demasiado -dijo Montag, incómodo.
-Casi nunca miro la televisión mural, ni voy a las carreras, ni a los parques de diversiones. Me sobra tiempo para pensar cosas raras. ¿Ha visto esos anuncios de ciento cincuenta metros a la entrada de la ciudad? ¿Sabe que antes eran sólo de quince metros? Pero los coches comenzaron a pasar tan rápidamente que tuvieron que alargar los anuncios para que no se acabasen demasiado pronto.”




“Qué parecido a un espejo, también, ese rostro. Imposible, ¿pues a cuántos conoces que reflejen tu propia luz? La gente es más a menudo -buscó un símil y lo encontró en su trabajo - una antorcha que arde hasta apagarse. ¿Cuántas veces la gente toma y te devuelve tu propia expresión, tus más escondidos y temblorosos pensamientos?”




“Sintió de pronto que la sonrisa se le borraba, se fundía, se doblaba sobre sí misma como una cáscara blanda, como la cera de un cirio fantástico que ha ardido demasiado tiempo, y ahora se apaga, y ahora se derrumba. Oscuridad. No era feliz. No era feliz. Se lo dijo a sí mismo. Lo reconoció. Había llevado su felicidad como una máscara, y la muchacha había huido con la máscara y él no podía ir a golpearle la puerta y pedírsela.”





“Somos demasiados, pensó. Somos billones, y eso es demasiado. Nadie conoce, a nadie. Gente extraña se te mete en la casa. Gente extraña te arranca el corazón. Gente extraña te saca la sangre. Buen Dios, ¿quiénes eran esos hombres? ¡No los he visto en mi vida!”





“-Bueno, al fin y al cabo, ésta es la época de los tejidos disponibles. Suénate las narices en una persona, ensúciala, avergüénzala. Busca otro, suénate, ensucia, avergüenza. Todos utilizan el borde de la chaqueta de los demás. ¿Cómo puedes aplaudir al equipo local cuando ni siquiera tienes un programa ni conoces los nombres? A propósito, ¿de qué color eran las camisetas cuando salieron al campo?”






“Cuando hablo, usted me mira. Cuando dije algo de la luna, usted miró la luna, anoche. Los otros nunca harían eso. Los otros seguirían su camino y me dejarían hablando. 0 me amenazarían. Nadie tiene tiempo para nadie. Usted es uno de los pocos que me han hecho caso. Por eso me parece tan raro que sea un bombero.”




“Pero sobre todo me gusta observar a la gente. A veces me paso el día en el tren subterráneo, y miro y escucho a la gente. Me gusta imaginar quiénes son y qué hacen y a dónde van. A veces hasta voy a los parques de diversiones y me subo a los automóviles de reacción cuando corren por los suburbios a medianoche y a los policías no les importa con tal que la gente esté asegurada. Con tal que tengan una póliza de diez mil, todos contentos. A veces me escurro por ahí y escucho en los subterráneos. 0 en los bares de bebidas sin alcohol. ¿Y sabe una cosa?
-¿Qué,
-La gente no habla de nada.”




“Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar, para que una mujer se deje quemar viva. Tiene que haber algo. Uno no muere por nada.”




“Un libro, en manos de un vecino, es un arma cargada. Quémalo. Saca la bala del arma. Abre la mente del hombre. ¿Se sabe acaso quién puede ser el blanco de un hombre leído?”




“¿La muchacha? Era una bomba de tiempo. La familia había estado alimentando el subconsciente de la niña. Estoy casi seguro; examiné los registros de la escuela. No quería saber cómo se hacen las cosas, sino por qué. Esto puede resultar embarazoso. Uno empieza con los porqués, y termina siendo realmente un desgraciado. La pobre chica está mejor muerta.”




“No es posible construir una casa sin clavos ni maderas. Si no quieres que se construya una casa, esconde los clavos y la madera. Si no quieres que un hombre sea políticamente desgraciado, no lo preocupes mostrándole dos aspectos de una misma cuestión. Muéstrale uno.”




“Que la gente intervenga en concursos donde haya que recordar las letras de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de los Estados, o cuánto maíz cosechó Iowa el año último. Llénalos de noticias incombustibles. Sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes. Les parecerá que están pensando, tendrán una sensación de movimiento sin moverse. Y serán felices, pues los hechos de esa especie no cambian. No les des materias resbaladizas, como filosofía o psicología, que engendran hombres melancólicos. El que pueda instalar en su casa una pared de TV, y hoy está al alcance de cualquiera, es más feliz que aquel que pretende medir el universo, o reducirlo a una ecuación. Las medidas y las ecuaciones, cuando se refieren al universo, dan al hombre una sensación de inferioridad y soledad.”




“«No hay porches. Mi tío dice que antes había porches.
Y la gente se sentaba allí en las noches de verano, y hablaba cuando tenía ganas de hablar, y se balanceaba en las mecedoras, y no hablaba cuando no tenía ganas de hablar. A veces se quedaban allí, simplemente, y pensaban cosas. Mi tío dice que los arquitectos suprimieron los porches con la excusa de que no quedaban bien. Pero la verdadera razón, la razón oculta, era otra. No querían que la gente se pasase las horas sin hacer nada, ésa no era la verdadera vida social. La gente hablaba demasiado. Y tenía tiempo para pensar. Así que suprimieron los porches. Y los jardines también. Ya no más jardines para estar en ellos. Y mire los muebles. No más mecedoras. Son demasiado cómodas. La gente debe estar de pie, y corriendo de un lado a otro. Mi tío dice... y... mi tío... y... mi tío... » La voz de Clarisse se apagó poco a poco.”




“-«No sabemos en qué preciso momento nace una amistad. Cuando se llena una vasija gota a gota, una de ellas rebasa al fin la vasija; así en una serie de actos bondadosos hay al fin uno que enciende el corazón.»”




“-No hablo de cosas, señor -dijo Faber -. Hablo del significado de las cosas. Estoy aquí y sé que estoy vivo.”




“Tenemos lo necesario para ser felices y no lo somos. Algo falta. Busqué a m¡ alrededor Sólo conozco una cosa que haya desaparecido: los libros que quemé durante diez o doce años. Pensé entonces que los libros podían ser una ayuda.
-Es usted un romántico incurable -dijo Faber -. Sería gracioso si no fuese serio. No son libros lo que usted necesita, sino algunas de las cosas que hubo en los libros.”




“Los libros eran sólo un receptáculo donde guardábamos algo que temíamos olvidar. No hay nada de mágico en ellos, de ningún modo. La magia reside solamente en aquello que los libros dicen; en cómo cosen los harapos del universo para darnos una nueva vestidura. Por supuesto, no conoce usted estas cosas, no sabe de qué hablo. Pero usted tiene intuitivamente razón. Eso es lo que cuenta. Tres cosas faltan.
Primero: ¿Sabe usted por qué un libro como éste es tan importante? Porque tiene calidad. ¿Y qué significa esta palabra? Calidad para mí, significa textura. Este libro tiene poros. Tiene rasgos. Si lo examina usted con un microscopio, descubrirá vida bajo la lente; una corriente de vida abundante e infinita. Cuantos más poros, cuantos más pormenores vivos y auténticos pueda usted descubrir en un centímetro cuadrado de una hoja de papel, más «letrado» es usted. Ésa es mi definición, por lo menos. Narrar pormenores. Frescos pormenores. Los buenos escritores tocan a menudo la vida. Los mediocres la rozan rápidamente. Los malos la violan y la abandonan a las moscas.
¿Comprende ahora por qué los libros son temidos
y odiados? Revelan poros en la cara de la vida. La gente cómoda sólo quiere ver rostros de cera, sin poros, sin vello, inexpresivos. Éste es un tiempo en que las flores crecen a costa de otras flores, en vez de vivir de la lluvia y la tierra. Los mismos fuegos de artificio, tan hermosos, proceden de la química de la tierra. Y sin embargo, queremos nutrirnos de flores y fuegos de artificio, sin completar el ciclo que nos llevaría de vuelta a la realidad. Conocerá usted la leyenda de Hércules y Anteo, el luchador gigante, de fuerza increíble mientras pisase la tierra. Pero cuando Hércules, abrazándolo, lo alzó en el aire, pereció fácilmente. Si no hay algo en esa leyenda que se refiere a nosotros, nuestra ciudad, nuestro tiempo, entonces estoy loco. Bueno, eso es lo primero que necesitamos, me parece. Calidad, textura de información.
-¿Y lo segundo?
-Ocio.”




“-Eso es lo bueno de estar muriéndose. Cuando ya no hay nada que perder, se puede correr cualquier riesgo.”




“Los libros nos recuerdan que somos unos asnos y unos tontos. Son la guardia pretoriana del César, que murmura mientras los desfiles pasan ruidosamente por las avenidas: ‘Recuerda, César, que eres mortal’”.




“Y no busque salvación en una sola cosa: persona, máquina, o biblioteca. Ayúdese a sí mismo, y si se ahoga, muera sabiendo por lo menos que estaba acercándose a la orilla.”




“Ya sé. Teme cometer algún error. No tema. Los errores pueden ser provechosos, Cuando yo era joven echaba mi ignorancia a la cara de la gente. La gente me apaleaba. Cuando llegué a los cuarenta, ya había logrado afilar mi instrumento. Si oculta su ignorancia, nadie le pegará, y no aprenderá nunca.”




“Luego de haber flotado mucho tiempo en la tierra, y poco tiempo en el río, Montag supo por qué no volvería a quemar.
El sol ardía continuamente. Quemaba el tiempo. El mundo corría describiendo un círculo y giraba sobre su eje, y el tiempo quemaba los años y los hombres, de algún modo. Y si él, Montag, quemaba junto con los bomberos, y el sol quemaba el tiempo, nada quedaría sin quemar.”




“Golpeé a un bombero cuando vino a quemar mi biblioteca, hace años. He estado ambulando desde entonces. ¿Quiere unirse a nosotros, Montag?
-Sí.
-¿Qué puede ofrecernos?
-Nada. Pensé que sabía una parte del Eclesiastés y quizá un poco de la Revelación, pero no me acuerdo ni siquiera de eso.
-El libro del Eclesiastés sería realmente magnífico. ¿Dónde lo tenía?
Montag se tocó la cabeza.
-Aquí.
-Ah -Granger sonrió, asintiendo.
-¿Qué pasa? ¿No está bien? -dijo Montag.
-Mejor que bien, perfecto. -Granger se volvió hacia el reverendo.- ¿Tenemos un libro del Eclesiastés?
-Uno. Un hombre llamado Harris, en Yougstown.
-Montag -Granger tomó firmemente el hombro de Montag. Camine con cuidado. Cuide su salud. Si algo le ocurre a Harris, usted será el Eclesiastés. ¡Advierta qué importancia ha adquirido usted en este último minuto!
-¡Pero me he olvidado!
-No, nada se pierde. Tenemos métodos para sacarle lo que sea.
-¡Pero he tratado ya de recordar!
-No trate. Saldrá a la luz cuando sea necesario. Todos tenemos una memoria fotográfica, pero nos pasamos la vida aprendiendo a olvidar. Sinimons, aquí presente, se ha ocupado del asunto durante más de veinte años. Con la ayuda de su método podemos acordarnos de cualquier cosa que hayamos leído una vez. ¿Le gustaría, Montag, leer algún día La República de Platón?
-¡Por supuesto!
-Yo soy La República de Platón. ¿Le gustaría leer a Marco Aurelio? El señor Simmons es Marco Aurelio.”




“Mejor guardar los libros en las viejas cabezotas, donde nadie puede verlos o sospechar su existencia. Somos trozos de fragmentos de historia, y literatura, y derecho internacional, y Byron, Tom Paine, Maquiavelo o Cristo.”




“Vagabundos por fuera, bibliotecas por dentro.”




“Pero eso es lo maravilloso en el hombre; nunca se descorazona o disgusta tanto como para no empezar de nuevo. Sabe muy bien que su obra es importante y valiosa.”




“Montag miró de soslayo a uno y otro mientras caminaban.
-No juzgue a un libro por su cubierta -dijo alguien.”




“Mi abuelo murió cuando yo era niño. Era escultor. Era además un hombre muy bondadoso, dispuesto a querer a todo el mundo. Ayudaba a limpiar la casa de vecindad, hacía juguetes para los niños, y un millón de cosas. Tenía siempre las manos ocupadas. Y cuando murió, comprendí que yo no lloraba por él, sino por todas las cosas que hacía. Lloraba porque nunca volvería a hacerlas. Nunca volvería a labrar otro trozo de madera, ni nos ayudaría a criar palomas y pichones en el patio, ni tocaría el violín de aquel modo, ni nos contaría aquellos chistes. Era parte de nosotros, y, cuando murió, todos los actos se detuvieron, y nadie podía reemplazarlo. Era un individuo. Era un hombre importante. Nunca pensé en su muerte. Sí en cambio en todos los objetos labrados que nunca nacieron a causa de esa muerte. Cuántas bromas faltan ahora en el mundo, cuántas palomas que sus manos nunca tocaron. Mi abuelo modelaba el mundo. Hacía cosas en el mundo. Con su muerte el mundo perdió diez millones de actos hermosos.”




“La diferencia entre un hombre que sólo corta el césped y un jardinero depende del uso de las manos, decía mi abuelo. La cortadora de césped pudo no haber estado allí; el jardinero se quedará en el jardín toda una vida.”





“«Odio a un romano llamado Status Quo» me decía. «Llénate los ojos de asombro, vive como si fueses a morir en los próximos diez segundos. Observa el universo. Es más fantástico que cualquier sueño construido o pagado en una fábrica. No pidas garantías, no pidas seguridad, nunca hubo un animal semejante. Y si alguna vez lo hubo, debe de ser pariente del perezoso, que se pasa los días cabeza abajo, colgado de una rama, durmiendo toda la vida. Al diablo con eso» decía. «Sacude el árbol, y que el perezoso caiga de cabeza.»”




“Mira el mundo allí fuera, Dios mío, Dios mío, míralo allí fuera, fuera de mí, más allá de mi cara. Sólo hay un modo de tocarlo: hacerlo finalmente mío, metérmelo en la sangre, donde latirá diez veces, diez mil veces en un día. Lo tendré siempre conmigo para que nunca se me escape. Lo tendré conmigo algún día. Por ahora lo he rozado con la punta de los dedos. Es un comienzo.”




“Granger miró el fuego.
-Fénix.
-¿Qué?
-Había un tonto y condenado pájaro antes de Cristo llamado Fénix. Cada tantos centenares de años construía una pira y se arrojaba a las llamas. Debió de haber sido primo hermano del hombre. Pero cada vez que se quemaba a sí mismo, surgía intacto de las cenizas, volvía a nacer. Y parece ahora como si estuviésemos haciendo lo mismo, una y otra vez; pero sabemos algo que Fénix nunca supo. Sabemos qué tonterías hemos hecho. Conocemos todas las tonterías que hemos hecho en estos últimos mil años, y mientras no lo olvidemos, mientras lo tengamos ante nosotros, es posible que un día dejemos de preparar la pira funeraria y de saltar a ella. En cada generación seremos unos pocos más para recordar.”




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